La hemodiálisis generalmente no es dolorosa, aunque pueden presentarse molestias al colocar las agujas cuando el paciente utiliza una fístula arteriovenosa.

Durante el tratamiento, algunos pacientes pueden experimentar cansancio, calambres o cambios en la presión arterial.

El personal de salud supervisa el procedimiento para identificar y atender oportunamente cualquier molestia o complicación.